De los grandes inventos y descubrimientos de las últimas décadas (y sin ignorar el impacto con el que antes de una década nos sacudirá la ingeniería genética) , ni la radiotelevisión, ni la energía nuclear, ni la conquista del espacio, ni los ordenadores... quizás ninguno ha ejercido un papel tan decisivo en la evolución (y a veces revolución) de nuestra sociedad como Internet.
La red Internet, con el apoyo de los ordenadores y de la telefonía convencional y móvil, supone que en cualquier momento y en cualquier lugar (en casa, en el centro de trabajo, en el cibercafé, desde el teléfono WAP...), podemos acceder a la información que necesitemos (sea sonora, icónica o textual), difundir datos a todo el mundo y comunicarnos e interactuar con cualquier persona, institución o entorno (real o virtual). Además, permite que todos podamos producir y distribuir conocimientos, y nos proporciona un nuevo entorno de interrelación social.
Para las empresas, sumergidas en el mar de la economía global, cada vez resulta más imprescindible utilizar este canal de comunicación, publicidad y comercio, a través del cual se relacionan, se informan, dan a conocer sus productos y servicios, negocian, invierten, venden... Por otra parte, en el ámbito personal y doméstico, poco a poco vamos descubriendo sus enormes posibilidades, especialmente como medio de relación, información, ocio y también formación: Internet nos puede proporcionar información y formación sobre cualquier tema, en todo momento y desde cualquier punto de la Red. Por cierto, Internet también ha motivado un replanteamiento de los derechos de autor. ¿hasta que punto podemos utilizar libremente la información que encontramos al navegar?
Todas estas funcionalidades de Internet, que están al alcance de cualquiera que disponga de un ordenador con módem, un teléfono WAP/UMTS o simplemente un televisor con webTV (adaptador que conecta el televisor a Internet a través del teléfono), van en detrimento de la utilización de otros instrumentos que hasta ahora permitían satisfacer las necesidades de comunicación e información de las personas, instituciones y empresas: el teléfono convencional, el fax, la prensa ¡y hasta la mismísima televisión!, que ve reducida su audiencia porque sus antes incondicionales jóvenes ahora dedican buena parte de su tiempo libre a los teléfonos móviles, a los videojuegos y a Internet..., a pesar de que aún no tenemos una tarifa plana para estar siempre conectados Internet.
No hay comentarios:
Publicar un comentario